El suicida
La luz del genio en su apacible cielo
para él brillaba con claror divino,
y, cual poeta, al fin de su camino
debió la gloria coronar su anhelo
Pero amó; lo engañaron, y un consuelo
demandó en vano el porvenir mezquino;
cobarde ante el horror de su destino
rasgó de su existencia el frágil velo
Y cuando libre el alma del suicida
dejó a la tierra la materia inerte,
en las eternas puertas esculpida.
leyó temblando su futura suerte:
A quien por no sufrir deja la vida,
vida para sufrir le da la muerte.