El último encargo
No me duele encontrarme en este lecho
abocado por fin a la agonía
Me muero la mirada se extravía
me falta el aire se me oprime el pecho
Sé, Carmen, que al sepulcro voy derecho
¿Qué no? Lo sé muy bien, esposa mía
Sé que el primer fulgor del nuevo día
ha de alumbrarme en ataúd estrecho
Lo sé todo, mujer, mas no me apura;
como a todo mortal, llegóme el plazo;
mañana dormiré en la sepultura.
¡Adiós, Carmen! ¡Adiós! Dame un abrazo
Carmen ¡Por caridad! Si viene un cura
que le den de mi parte un estacazo.