El único día del paraíso – III

By Gaspar Núñez de Arce

Eva, que aspira en el jardín ameno

el húmedo frescor de la alborada,

ve su casta hermosura retratada

de manso arroyo en el cristal sereno

Céfiro besa, de perfumes lleno,

su cabellera, como el sol, dorada,

que cae en leves ondas desatada

sobre el ebúrneo y delicado seno.

Quédase un punto atónita, indecisa,

quiere luego abrazar la imagen pura

que en la corriente trémula divisa,

y, al ver rota en el agua su figura,

lanza a los ecos su vibrante risa

perdiéndose a través de la espesura.