El único día del paraíso – IV

By Gaspar Núñez de Arce

La muda soledad del firmamento,

como un lago, tranquila y transparente,

el murmullo apacible de la fuente,

la rumorosa undulación del viento,

de la vida el perpetuo movimiento

que Adán, embelesado, admira y siente,

todo sume su espíritu inocente

en grave y religioso arrobamiento

Con el llanto agolpándose a sus ojos,

sobrecogido ante grandeza tanta,

póstrase, en tierna adoración, de hinojos.

Y es, bajo el solio del espacio inmenso,

la primera oración que a Dios levanta,

pura cual nube de oloroso incienso.