El único día del paraíso – IX

By Gaspar Núñez de Arce

La rencorosa culpa que con ellos

marcha invisible, sus conciencias muerde

para que el bien pasado les recuerde

el dolor, y se ericen sus cabellos

Ya la tierra, a los pálidos destellos

de amortiguada luz, sus galas pierde

y no muestran el monte, ni la verde

selva, ni el cielo azul tonos tan bellos

La tristeza aumentando del paisaje,

oyen por donde van, lúgubre y queda

la voz de su delito que los nombra.

Y lejos, por los troncos y el follaje

de la intrincada y tétrica arboleda,

ven flotar los fantasmas de las sombras.