El único día del paraíso – VI

By Gaspar Núñez de Arce

¡Cuán tremendo el estigma del pecado

sobre sus almas consternadas pesa

al ver pasar, como fugaz pavesa

barrida por el viento, el goce hurtado!

Núblase el cielo de repente, el pardo

se agosta, el canto de las aves cesa

y huyen gimiendo por la selva espesa

las fieras en tropel desordenado

Como vagas imágenes de un sueño,

brillan y se deshacen de improviso

las dichas del Edén, antes risueño

Y en la gran dispersión del Paraíso,

sólo queda a las plantas de su dueño,

aullando de terror, el can sumiso.