El único día del paraíso – VIII

By Gaspar Núñez de Arce

La tarde empieza a declinar Con paso

medroso y torpe, la infeliz pareja

de aquel lugar de perdición se aleja,

dirigiendo su rumbo hacia el ocaso

El tímido pudor ante el fracaso

de la ventura humana, huye y los deja,

y con rígida piel de blanca oveja

cubren su cuerpo macilento y laso

Cada vez es más áspero el camino:

difusa franja de matices rojos

arrebola el celaje vespertino

Avanzan, y al través de los abrojos

con susto ven, del animal dañino

que está en acecho, relucir los ojos