El único día del paraíso – XI

By Gaspar Núñez de Arce

Rendidos por la angustia y el espanto

caen en honda congoja, y mientras dura

su lánguido sopor, la noche oscura

cubre los cielos con su negro manto

¡Ay!, al volver de su estupor, ¡con cuánto

afán, mezcla de asombro y de pavura,

clavan en las tinieblas de la altura

su mirada tenaz, que ciega el llanto!

Con el aura que calla el ruido expira

Un astro sin calor, por el sombrío

y mudo espacio, amarillento gira.

Y, abrazándose a Adán, en su extravío,

Eva balbuce sollozando: -¡Mira!

¡Es el sol que se muere! ¡Siento frío!