El único día del paraíso – XII

By Gaspar Núñez de Arce

Y la celeste bóveda enlutada

es para su creciente desconcierto,

urna de un mundo desquiciado y muerto

que toca en los confines de la nada

Llenos de horror, con la razón turbada

y el semblante de lágrimas cubierto,

por aquel vasto y lóbrego desierto

van a tientas siguiendo su jornada.

Su propio pensamiento los hostiga,

la sombra todos los caminos cierra,

y es mayor por momentos su fatiga.

Hasta que el susto embarga sus sentidos

y dan, como cadáveres, en tierra

por su medrosa ofuscación vencidos.