Elisabeth Barrett-Browning

By Fernando Maristany

Cuando nuestras dos almas cara a cara

quedan en el silencio, y se aproximan

hasta quedar sus desplegadas alas

en dos puntos unidas y encendidas,

¿qué daño hacernos puede o qué injusticia

la tierra? ¡Bah! Si más nos ensalzáramos

los ángeles, mi amor, nos brindarían

de su áureo mundo el armonioso canto.

¡Y adiós nuestro amadísimo silencio!

Quedémonos más bien donde los goces

más altos son extraños a los hombres,

donde las almas puras viven lejos

del mundo, en un rincón en que quererse

rodeados de las sombras de la muerte.