ELOGIO DE LA REINA II
Porque tú eres Cebú. En la sonrisa varia
que repartes mostrando la hilera de tus dientes,
pareces esta dulce ciudad hospitalaria
que, con miel en los labios, va llamando a las gentes.
Y así como cuando andas se aroman los senderos,
el alma de tu tierra perfuma voluntades;
y si cuando tú miras, enciendes los luceros,
esta ciudad es luz que alumbra otras ciudades.
¡Dios guarde esa sonrisa, Princesa encantadora;
Dios guarde esa mirada, que es el alba que llora,
de cuyo encanto va toda poesía en pos!
Sé reina eternamente. ¡Loados sean tus fallos,
porque tienes, señora, los mejores vasallos
los que saben morir por su Reina y su Dios!