Elogio fúnebre al Marqués de Siete Iglesias

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Tu vida fue envidiada de los ruines;

tu muerte de los buenos fue envidiada;

dejaste la desdicha acreditada

y empezaste tu dicha de tus fines.

Del metal ronco fabricó clarines

Fama, entre los pregones disfrazada,

y vida eterna y muerte desdichada

en un filo tuvieron los confines.

Nunca vio tu persona tan gallarda

con tu guarda la plaza como el día

que por tu muerte tu alabanza guarda.

Mejor guarda escogió tu valentía,

pues que hizo tu ángel con su guarda

en la gloria lugar a tu agonía.