En elogio del Siglo de Oro en las selvas de Erifile, Madrid, 1607
Es una dulce voz tan poderosa,
que fue artífice en Tebas de alto muro,
y en un delfín sacó del mar seguro
al que venció su fuerza rigurosa.
Compró con versos mal lograda esposa
el amante de Tracia, al reino oscuro;
a Sísifo quitó el peñasco duro,
y a Tántalo la eterna sed rabiosa.
De vos no menos que de Orfeo esperara,
si el pueblo de las sombras mereciera
que, cual su voz, la vuestra en él sonara.
Por oíros, de Tántalo no huyera
el agua, y él de suerte os escuchara,
que, por no divertirse, no bebiera.