En la muerte de mi amigo don José Musso y Valiente

By Salvador Bermúdez de Castro

¡Dios de bondad a quien el mundo adora!

Tú, que en tu trono celestial, sereno,

brillas tan grande al resplandor del trueno,

como a los rayos de la blanca aurora;

el huérfano infeliz su suerte llora,

de fe y de amor el pensamiento lleno,

y la oración del destrozado seno

al labio sale que doliente implora

Tú, cuya mano justa en su grandeza,

siembra el dolor, y siembra la alegría,

compadece su fúnebre tristeza;

para calmar ¡oh Dios! su pena impía,

o derrama consuelo en su cabeza,

o vuelve al que murió la luz del día!