En la muerte de su amigo don Juan Pérez de Montalbán
Moriste, o gran Varón, sin que la suerte
(que es a todos común) te anocheciera;
que a no faltarte tú, tarde pudiera
el mayor de los males emprenderte
Perdiste aquella parte que más fuerte
tiene en el alma su inmortal esfera;
que mucho, pues, que entonces se atreviera
a sus reliquias frágiles la muerte
En ti llegó el saber a ser dolencia,
pues siendo para todos desengaños,
sólo para ti mismo fue violencia.
Tan aprisa viviste en pocos años,
que adelantando siempre la experiencia,
fue envidia a propios, y enseñanza ha extraños.