En la muerte de una joven

By José Cornelio Díaz

¿Por quién, oh virgen, del cubano suelo,

la corona de flores desparcida,

y en profundos pesares sumergida,

la frente cubre funerario velo?

La mansión de la paz y del consuelo,

tierra de bendición, isla querida,

por el monstruo del Ganges homicida

sumisa yace en lágrimas y duelo

Al pastor venerable, al inocente

infame oprime con su garra fiera;

al siervo y al señor hiere igualmente

Ni de Luisa el candor ni la severa

virtud, ni el lloro de piedad ardiente

su sed de muerte y destrucción modera