En la soledad – I

By Antonio Ros de Olano

¡Madre Naturaleza! Yo que un día,

prefiriendo mi daño a mi ventura,

dejé estos campos de feraz verdura

por la ciudad donde el placer hastía,

vuelvo a ti arrepentido, amada mía,

como quien de los brazos de la impura

vil publicana se desprende y jura

seguir el bien por la desierta vía

¿Qué vale cuanto adorna y finge el arte,

si árboles, flores, pájaros y fuentes

en ti la eterna juventud reparte,

y son tus pechos los alzados montes,

tu perfumado aliento los ambientes

y tus ojos los anchos horizontes?