En la soledad – V

By Antonio Ros de Olano

Lamentos de hembra y lloros de nacido;

duelos de viuda y quejas de casados;

de la vejez y el hambre los cuidados,

que cesan cuando espira el afligido.

¡Nacer! ¡Vivir! ¡Morir! Después ¡olvido!

¡Los siglos son sepulcros numerados

de seres mil y mil tan olvidados

cual sino hubiesen en el mundo sido!

Y el corazón es péndulo que advierte,

con vaivén de dolor, que a la existencia

sólo enjuga las lágrimas la muerte

¿A dónde, pues, con bárbara violencia,

río de la vida, corres a perderte,

si no es tu mar la Santa Providencia?