En las honras de Felipe II en Sevilla

By Miguel de Cervantes y Saavedra

Un valentón de espátula y gregüesco

que a la muerte mil vidas sacrifica,

cansado del oficio de la pica

mas no del ejercicio picaresco;

retorciendo el mostacho soldadesco,

por ver que ya su bolsa le repica,

a un corrillo llegó de gente rica

y en el nombre de Dios pidió refresco.

Den voacedes, por Dios, a mi pobreza,

les dice; donde no, por ocho santos

que haré lo que hacer suelo sin tardanza.

Mas uno que a sacar la espada empieza,

¿Con quién habla, le dijo, el tiracantos?

si limosna que pide nunca alcanza,

¿Qué es lo que suele hacer en tal querella?

Respondió el bravonel: -Irme sin ella.