En las honras de Felipe II en Sevilla
Un valentón de espátula y gregüesco
que a la muerte mil vidas sacrifica,
cansado del oficio de la pica
mas no del ejercicio picaresco;
retorciendo el mostacho soldadesco,
por ver que ya su bolsa le repica,
a un corrillo llegó de gente rica
y en el nombre de Dios pidió refresco.
Den voacedes, por Dios, a mi pobreza,
les dice; donde no, por ocho santos
que haré lo que hacer suelo sin tardanza.
Mas uno que a sacar la espada empieza,
¿Con quién habla, le dijo, el tiracantos?
si limosna que pide nunca alcanza,
¿Qué es lo que suele hacer en tal querella?
Respondió el bravonel: -Irme sin ella.