En un calabozo

By Manuel del Palacio

¡Cuán triste debe ser y cuán amargo

vivir en este sucio asilo estrecho,

sintiendo sin cesar dentro del pecho

de la airada conciencia el justo cargo!

¡Cuántas horas de angustia y de letargo

ofrecerá al culpable el duro lecho,

y cuántas, ¡ay! en lágrimas deshecho

de su existencia el fin hallará largo!

Pero a mí ¿qué me importa tu tristeza?

como en almohada de caliente pluma

reclino en tu tarima mi cabeza

La culpa, no el castigo, es lo que abruma,

y rompe mi virtud toda vileza,

lo mismo que el bajel rompe la espuma.