Epigrama
El Ebro en su corriente cristalina,
célebre Alcino, tus discretas sales,
pues, con tus agudezas, sus caudales,
no envidiarán la fuente Cabalina.
Tu voz resuene dulce, peregrina,
en los climas remotos Boreales,
porque de tu elocuencia los raudales
al mayor Lauro, Febo los destina
El Clarín resonante de la fama
aplauda sus cadencias ingeniosas,
cuando el sonoro Pindo las aclama
Y exentas de las sombras envidiosas,
de Daphne las corone inmortal Rama,
para que brillen siempre victoriosas.