Epitafio a un gran músico
No pases sin dolor, oh Peregrino,
si ofendida virtud te ha de hacer duelo,
pues yace muerto el que juntó en el suelo
el corzo al tigre, al lobo el Vellocino
Un día (ved si el canto era divino)
tantas piedras atrajo (sin recelo
que vino se enterraba) que del cielo
a lamentarse en su destreza vino
Agora, por poder salir, ¿quién duda
que cantará también? pues no está muerto;
mas en vano tu canto al aire ofreces,
¡oh triste! pues quien te oye es piedra muda
para decir que aun vives, y así es cierto
que la sobrada gracia ofende a veces