Eróticas – - II -

By Esteban Manuel de Villegas

Quién me dijera, Clori, que algún día

te pudiera olvidar tan fácilmente,

mientras soltero crin hizo en tu frente

con hilos de oro lazos de rabia.

Y mientras blanca juventud bullía

en tus mejillas de carmín ardiente,

y entre tu blanco aljófar, y luciente,

Sirena te escuchó, se temió Arpía.

Todo con la memoria de un desprecio

vino a olvidarse en mí, mas no a olvidarse

de modo, que me niegue el conocerte

Quédate pues, adiós, venga otro necio,

que sepa amarte, y sepa no estimarse

que yo, por lo que vi, no pienso verte.