Fue una tarde muriente...

By Octavio M. Suárez

Fue una tarde muriente, que el tiempo no ha podido

borrar de mi memoria, cuando hablamos de amor

Fue una tarde muriente ¡Yo estaba conmovido

borracho de ilusiones, de ensueño y de dulzor!

Tú, ocultabas tu hermoso semblante, embellecido

más aun por un casto e infinito rubor

entre tus manos blancas; y tu pecho oprimido

temblaban asustados tus dos senos en flor !

Mas, cuando lentamente principió la agonía

del Sol que en el radiante crepúsculo se hundía,

cediendo a un imperioso, loco anhelo sensual,

se unieron nuestros labios -ansiosos de ternura-,

en un beso más dulce que la misma Dulzura

y en nuestros corazones floreció el Ideal.