Gandalín, escudero de Amadís de Gaula, a Sancho Panza, escudero de don Quijote
Salve, varón famoso, a quien fortuna,
cuando en el trato escuderil te puso,
tan blanda y cuerdamente lo dispuso,
que lo pasaste sin desgracia alguna.
Ya la azada o la hoz poco repuna
al andante ejercicio; ya está en uso
la llaneza escudera, con que acuso
al soberbio, que intenta hollar la luna.
Envidio a tu jumento y a tu nombre,
y a tus alforjas igualmente envidio,
que mostraron tu cuerda providencia.
Salve otra vez, ¡oh Sancho!, tan buen nombre,
que sólo a ti nuestro español Ovidio
con buzcorona te hace reverencia.