Hablando con una niña que por su elección se entró religiosa
Borrar supiste -oh Clori, oh rosa pura-
el albedrío de la contingencia,
ya a los rizos de nácar su violencia
no podrá destrenzarles la hermosura.
No admire, no, que sin edad madura
solicites galán que no hace ausencia,
que si el silencio es rostro en la prudencia
la virtud es la edad de la cordura
En peligros de un mal y de un engaño
es más sabia razón, más advertida,
prevenir, no enmendar el desengaño.
Ciencia de escarmentados no es lucida
y tú, por no ver males desde el daño,
los ves desde el discurso prevenida.