Hablándole del corazón...
Yo puse el corazón en vuestra mano
como una piedra fabulosa y rara:
un inmenso rubí, que en un lejano
imperio de dolor, amor hallara
Porque en vuestra pupila temerosa
brillara la codicia, fue el ponerlo
Mas una fuerza dulce, misteriosa,
vuestra mano cerró, sin vos quererlo.
Y hoy, al volver las horas del pasado,
es más tenaz la sombra del divino
momento, que renueva la ilusión
Mas al tornar al sueño me he encontrado
vuestra mano truncada en el camino
¡y dentro de la mano el corazón!