Hermosa afeitada de demonio

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Si vieras que con yeso blanqueaban

las albas azucenas; y las rosas

vieras que, por hacerlas más hermosas,

con asquerosos pringues las untaban;

si vieras que al clavel le embadurnaban

con almagre y mixturas venenosas,

diligencias, sin duda, tan ociosas,

a indignación, dijeras, te obligaban.

Pues lo que tú, mirándolo, dijeras,

quiero, Belisa, que te digas cuando

jabelgas en tu rostro las esferas.

Tu mayo es bote, ungüentos chorreando;

y en esta tez, que brota primaveras,

al sol estás y al cielo estercolando.