HOLOCAUSTO
En la eterna tragedia de la suerte
que Dios a tus amores encadena,
he de esquivar, ¡ oh trágica morena!
la trágica locura de quererte.
¿Qué podrá hacer mi corazón si advierte
que, con sólo adentrarse en la colmena,
la abeja loca que de amores pena
sería presa estéril de la muerte?
Mares de luz se cruzan en tus ojos,
ríos de sangre en esos labios rojos;
pero, ¡oh Belleza que marcó el Suplicio!,
Yo no uno mi tragedia a tu tragedia,
y, aunque el Amor, como un caimán, me asedia,
marcho como Abraham, al Sacrificio.