Hombres castrando un potro

By Francisco Ruiz Estébez

Apretaron las cinchas de la bestia indomable

ángeles que humillaron a la noche lasciva

y surgió, cual relincho de la fiera cautiva,

el sol por el oriente como sangre intratable

Derribada la noche, los ángeles sudando,

qué cuajados silencios al grito sucedieran,

en la final estrella de occidente temblando

la luz de aquel zodíaco purpurado perdiera.

Y ya manos el caballo, su furia dominada,

estéril para siempre, sin bella descendencia,

sacro el cuchillo vil en la mano sin freno,

sólo el silencio agudo, la música apagada

del sol sobre los montes, y el acto de violencia,

terriblemente duro, sin dulzura, y obsceno