HORA CÁLIDA

By Fernando María Guerrero

¡Oh calor de la siesta filipina,

calor de corazón, calor de fragua,

en que hierve en la copa cristalina,

con temblores estuosos, hasta el agua!

Una suave molicie que alucina

irrumpe en nuestra carne, y la cabeza,

como agobiada de sopor, se inclina

florecida de rosas de pereza.

Hay como una decadencia en las pupilas

húmedas de pasión, y mientras fiera

la luz solar sobre las cosas arde,

beben las almas graves y tranquilas

el vino del Ensueño y la Quimera

en el cálido vaso de la tarde....