Huye la casa del campo (donde está el coloso del Señor Rey Felipe III) la compet...

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Piedras apaño cuando veis que callo;

y, pudiendo vendérselas, las tiro

al edificio que envidiosa miro,

pues Roma se preciara de envidiallo.

Si por tener tan sólo este caballo

no he podido jamás juntar un tiro,

mal podré competir con el Retiro,

en quien echó la arquitectura el fallo.

¿Qué puede sucederme en este río,

que no se harta de agua en el invierno

y aun no lava sus pies en el estío?

Si va por ermitaño, sempiterno

el ermitaño que en el Ángel crío,

puede tener un Juan Guarín por yerno.