Idilio salvaje – VI
¡Qué enferma y dolorida lontananza!
¡Qué inexorable y hosca la llanura!
Flota en todo el paisaje tal pavura,
como si fuera un campo de matanza.
Y la sombra que avanza avanza avanza,
parece con su trágica envoltura,
el alma ingente, plena de amargura,
de los que han de morir sin esperanza.
Y allí estamos nosotros, oprimidos
por la angustia de todas las pasiones
bajo el peso de todos los olvidos
En un cielo de plomo el sol ya muerto;
y en nuestros desgarrados corazones
¡el desierto, el desierto y el desierto!