Idilio salvaje – VI

By Manuel José Othón

¡Qué enferma y dolorida lontananza!

¡Qué inexorable y hosca la llanura!

Flota en todo el paisaje tal pavura,

como si fuera un campo de matanza.

Y la sombra que avanza avanza avanza,

parece con su trágica envoltura,

el alma ingente, plena de amargura,

de los que han de morir sin esperanza.

Y allí estamos nosotros, oprimidos

por la angustia de todas las pasiones

bajo el peso de todos los olvidos

En un cielo de plomo el sol ya muerto;

y en nuestros desgarrados corazones

¡el desierto, el desierto y el desierto!