Idilio salvaje – VII
¡Es mi adiós! Allá vas, bruna y austera,
por las planicies que el bochorno escalda,
al verberar tu ardiente cabellera
como una maldición, sobre tu espalda.
En mis desolaciones, ¿qué me espera?
-ya apenas veo tu arrastrante falda-
una deshojazón de primavera
y una eterna nostalgia de esmeralda.
El terremoto humano ha destruido
mi corazón y todo en él expira
¡Mal hayan el recuerdo y el olvido!
Aun te columbro, y ya olvidé tu frente;
sólo ¡ay! tu espalda miro, cual se mira
lo que se huye y se aleja eternamente