- II - A Flora

By Francisco de Medrano

Tus ojos, bella Flora, soberanos,

y la bruñida plata de tu cuello,

y ese, envidia del oro, tu cabello,

y el marfil torneado de tus manos,

no fueron, no, los que de tan ufanos

cuanto unos pensamientos pueden sello,

hicieron a los míos, sin querello,

tan a su gusto victorioso llanos.

Tu alma fue la que venció a la mía,

que, expirando con fuerza aventajada

por ese corporal apto instrumento,

se lanzó dentro en mí, donde no había

quien resistiese al vencedor la entrada,

porque tuve por gloria el vencimiento.