- II -
Si el llanto, Febo, a tu deidad indino,
que los desiertos tésalos oían:
si los ojos de amor que te hacían
quedar en este mundo por vecino;
si los rubios cabellos de oro fino,
que con el fresco viento se esparcían;
si aquellas blancas manos que tenían
presa tu libertad, siendo divino,
está ya oscurecido en tu memoria
o por el tiempo o grave inconveniente,
vuelve a la vida tu amorosa historia;
y honra de hoy mas tu lauro eternamente,
pues le vemos ceñir con nueva gloria
del gran Cetina la ingeniosa frente.