- II -

By Francisco de Aldana

Mil veces digo, entre los brazos puesto

de Galatea, que es más que el sol de hermosa.

Luego ella, en dulce vista desdeñosa,

me dice: «Tirsis mío, no digas esto»

Yo lo quiero jurar y ella, de presto,

tosa encendida de un color de rosa,

con un beso me impide y, presurosa,

busca atrapar mi boca con su gesto.

Hágole blanda fuerza por soltarme

y ella me aprieta más y dice luego:

«No lo jures, mi bien, que yo te creo».

Con esto, de tal fuerza a encadenarme

viene que Amor, presente al dulce juego,

hace suplir con obras mi deseo.