- III - A Aminta, que imite el sol en dejarle consuelo cuando se ausenta

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Pues eres sol, aprende a ser ausente

del sol, que aprende en ti luz y alegría;

¿no viste ayer agonizar el día

y apagar en el mar el oro ardiente?

Luego se ennegreció, mustio y doliente,

el aire adormecido en sombra fría;

luego la noche, en cuanta luz ardía,

tantos consuelos encendió el Oriente.

Naces, Aminta, a Silvio del ocaso

en que me dejas sepultado y ciego;

sígote oscuro con dudoso paso.

Concédele a mi noche y a mi ruego,

del fuego de tu sol, en que me abraso,

estrellas, desperdicios de tu fuego.