- III -

By Francisco de la Torre

Noche, que en tu amoroso y dulce olvido

escondes y entretienes los cuidados

del enemigo día; y los pasados

trabajos recompensas al sentido.

Tú, que de mi dolor me ha conducido

a contemplarte, y contemplar mis hados,

enemigos ahora conjurados

contra un hombre del cielo perseguido:

así las claras lámparas del cielo

siempre te alumbren, y tu amiga frente

de beleño y ciprés tengas ceñida.

Que no advierta su luz en este suelo

el claro Sol mientras me quejo, ausente,

de mi pasión. Bien sabes tú mi vida.