III

By Guillermo de Montagú

Nos pusimos de acuerdo sin habernos hablado

Cada uno esperaba ya al otro; de tal modo

que fue nuestro saludo la vuelta del pasado,

y cuando nos miramos, lo sabíamos todo.

Así, sencillamente, bajo el árbol divino

se celebró la misa de nuestros esponsales

Junto a la humilde fuente nos bendijo el Destino

y un diluvio de rosas floreció en los rosales.

Y después comulgaron unidas, en la sombra

nuestras dos almas sobre la perfumada alfombra;

y, descifrando el viejo secreto de la vida,

a través de la noche silenciosa, emprendieron

la marcha lentamente hasta que se perdieron

en el santo refugio de la paz escondida