Introduce a una dama que se aficionó a un galán...
Puse los ojos ¡ay! que no debiera,
en quien ya de las flechas de Cupido
mostraba el tierno corazón herido,
para que yo sin esperanza muera.
Huir fácil me fue de la primera
ocasión que a tal daño me ha traído
con resistir mirar tan atrevido,
mas fui mujer, y al fin mujer ligera
Grillos amor me puso a los sentidos,
y la causa cruel de tantos daños
con sus regalos aumentó mis glorias,
pero sabiendo ¡ay Dios! que eran fingidos,
he sepultado en caros desengaños
mi firmeza, mi amor y mis memorias.