Ipandro Acaico

By Ignacio Montes de Oca y Obregón

Triste, mendigo, ciego cual Homero,

Ipandro a su montaña se retira,

sin más tesoro que su vieja lira,

ni báculo mejor que el de romero.

Los altos juicios del Señor venero,

y al que me despojó vuelvo sin ira

de mi mantel pidiéndole una tira,

y un grano del que ha sido mi granero

¿A qué mirar con fútiles enojos

a quién no puede hacer ni bien ni daño,

sentado entre sus áridos rastrojos,

y sólo quiere en su octogésimo año,

antes que acaben de cegar sus ojos

morir apacentando su rebaño?