- IV -
Por sólo despicarme de tu juego
honro a Diana, sacrifico a Ceres;
no más, Amor, no más, pesado eres,
ciego te amé, ya miro que estás ciego.
En daño tuyo, y en mi bien alego
un año de ilusión, pocos placeres;
mas que no sufrirá, quien da a mujeres
dormida la razón, despierto el ruego.
Góceme esta heredad, líbreme el soto
en su espesura cada mes un ciervo
y tú, rapaz, gobierna tu venera.
Que si el mundo se holgara con mi voto,
yo le dijera lo que en mí reservo:
y al fin dijera, que el desdén muriera.