- IV -

By Fernando de Herrera

¡Oh, fuera yo el olimpo, que con vuelo

de eterna luz girando resplandece

cuando mengua Timbreo y Cintia crece

en el medroso horror del negro velo!

En lo mejor del noble hesperio suelo,

que cerca baña el Betis, y enriquece,

viera la alma belleza que florece

y esparce lumbre y puro ardor del cielo;

y en su candor clarísimo encendido,

volviera todo en llama, como espira

en fuego cuanto asciende al alta etra.

Tal vigor en sus rayos escondido

yace, que si con fuerza alguno mira

en ella, con más fuerza en él penetra.