IV

By Julio Flores Roa

En las tardes brumosas del invierno,

cuando el sol taciturno, paso a paso

va cayendo en las sombras del ocaso

como envuelto en las llamas de un infierno,

abro las mustias alas y me cierno

por la infinita bóveda al acaso,

falto de luz y de vigor escaso,

presa de las nostalgias de lo eterno.

Y subo, subo, y cuando el ojo mío

descubre entre los velos de la noche

mi supremo ideal, en el vacío

una mano brutal mis olas cierra

y caigo sin una ¡ay! sin un reproche,

sobre el fangal inmundo de la tierra.