- IX -

By Francisco de Aldana

Cuál nunca osó mortal tan alto vuelo

subir o quién venció más su destino,

mi clara y nueva luz, mi sol divino,

que das y aumentas nuevo rayo al cielo,

cuanto el que pudo en este bajo suelo

-¡oh, estrella amiga!, ¡oh, hado peregrino!-

los ojos contemplar, que, de contino,

engendran paz, quietud, guerra y recelo...,

bien lo sé yo, que Amor, viéndome puesto

do no sube a mirar con mucha parte

olmo, pino, ciprés ni helado monte,

de sus ligeras alas dióme presto

dos plumas y me dijo: «Amigo, guarte

del mal suceso de Ícaro o Faetonte».