- IX -

By Juan de Almeida

A la sombra de un mirto estaba un día

el niño ciego de mirar cansado;

dejó las armas en un verde prado

y al sueño entre las flores se rendía.

Llegó Sirena, y viendo que dormía,

el arco con las flechas le ha hurtado

y déjale al mozuelo desarmado,

y a paso con el hurto se volvía.

El dios amor, que recordando vido

el hurto de Sirena, va tras ella

llorando que le dé sus pasadores.

Y ella con uno de ellos le ha herido,

y así se muere amor de amores de ella.

¡Ay, Dios, qué harán los tristes amadores!