- L - A una dama que decía que, cuando fuese posible admitir algún pensamiento a...
Déjate idolatrar, no agradecida,
ni aun agradable, bella indiferente,
del Ciego Dios el sacrificio ardiente,
ni le admita tu fe, ni le despida.
Que si alguna Centella desasida
de su sagrado incendio felizmente,
no por actividad, por accidente,
emprendiere el sosiego de tu vida;
no importará que en el retiro estrecho
del corazón presumas ignorante
ocultad la quietud de tus enojos.
Que la descubrirán a tu despecho,
las elocuentes voces del semblante,
los eficaces ecos de los ojos.