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By Francisco de la Torre

No la belleza que la noche adorna,

Cintia cercada de ojos, ni la estrella,

cuya resplandeciente lumbre bella

los elementos y los cielos orna;

no, si cuando se parte Febo y torna

resplandeciendo entre esta y entre aquella

nube sutil, que la blancura de ella

claras y transparentes Iris torna;

no la memoria de mi pena eterna

en el alma divina sustentada,

desde el punto que humana parte informa

pueden causar visión de amor interna,

como la vista de mi Ninfa amada

cuando en sus ojos bellos me transforma.