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By Gabriel Bocángel y Unzueta

Oh tú, que el polvo amado mudamente

prescribes, duro origen de mi llanto,

ya que la muerte te autoriza tanto,

cómo sabes mi aplauso, cómo siente,

cuenta a Lisi mi amor; ya no consiente

desdén injusto su destino santo.

Pierda tu condición, oh mármol, cuanto

el desdén suyo tu dureza miente;

nuestras cenizas une, logre en esto

nuevo triunfo la muerte de la vida:

final me admite efecto de sus ojos.

Si a tu silencio, sólo por funesto,

el bulto se debió de mi homicida,

¿cuánto más te merecen mis despojos?